
Natalia Álvarez, una joven estudiante española residiendo en Sídney, Australia, ha captado la atención en las redes sociales después de compartir en X (anteriormente Twitter) una situación insólita que la ha dejado endeudada tras calentar un trozo de pizza en el microondas. En su tuit, que se ha vuelto viral con 5,6 millones de visualizaciones y 40.000 me gusta, Álvarez explicó cómo acabó con una deuda de 1.500 euros debido a la intervención de los bomberos. “Adivinad quién puso una pizza en el microondas, hizo saltar la alarma de incendios y ahora debe 1.500 euros a los bomberos de Sídney. Me quiero morir», escribió al inicio de su hilo.
La joven, de 22 años, apenas lleva un mes en Australia como parte de un programa de intercambio estudiantil. La fatídica noche ocurrió un domingo, cuando decidió cenar una porción de pizza que había estado en su nevera por más tiempo del recomendado. “Llevaba 80 días en la nevera y pensé que, en vez de un minuto, la pondría en el microondas unos… ocho», contó en tono humorístico. Sin embargo, el exceso de tiempo hizo que el microondas produjera una gran cantidad de humo, lo que activó la alarma de incendios en el edificio de 12 plantas donde se aloja.
Adivinad quién poniendo una pizza en el microondas hizo saltar la alarma de incendios y debe 1500€ a los bomberos de Sidney ???????????? me quiero morir ???????????? pic.twitter.com/6AE3yJ8TUq
— Natalia Álvarez (@Natalia_Who) August 27, 2024
Consecuencias inesperadas y una factura elevada
La activación de la alarma provocó la evacuación de más de 100 personas, incluidos algunos residentes que tuvieron que salir de la ducha envueltos en toallas o abandonar exámenes en curso. “Solo quería cenar mi trocito de pizza tranquila”, explicó Natalia en su relato. A pesar de que no hubo incendio real, la situación desencadenó una respuesta inmediata de los bomberos de Sídney, quienes, aunque realizaron una intervención mínima, le entregaron una factura de 1.500 euros solo por desplazarse.
Esta situación le generó un gran impacto emocional. En una entrevista con el HuffPost, Álvarez confesó que al conocer la cifra se sintió completamente abrumada y pasó un buen rato llorando. Además, el alto costo se suma al estrés financiero que ya tenía, ya que también debe cubrir un alquiler mensual de 1.000 euros. «Ya me cuesta pagar el alquiler cada mes, y ahora de repente tengo que añadir 1.500 euros más… No es algo que una estudiante de 22 años pueda pagar de inmediato», señaló.
Una campaña de crowdfunding como solución
Debido a la presión económica, decidió seguir el consejo de varias personas y lanzar una campaña de crowdfunding, que tituló «Ayuda a una desgraciada pirómana». Aunque inicialmente lo hizo en tono de broma, la respuesta fue inesperadamente positiva y ya ha recaudado 980 euros. «Lo hice como una broma, pensando que si cada persona donara un euro, lo podríamos pagar, pero nunca pensé que la gente realmente aportaría dinero. Estoy súper agradecida, es una ayuda enorme», expresó.
Sobre la posibilidad de apelar la multa, Natalia comentó que lo intentará, aunque no se muestra demasiado optimista, ya que la residencia en la que vive actúa como intermediaria y en su contrato estipula que si los bomberos son llamados, ella debe hacerse cargo de los costos. “Si me hubiera leído el contrato, habría visto que cobraban por venir, pero nunca me dio por leerlo», confesó, añadiendo que jamás pensó que algo tan trivial como recalentar pizza terminaría siendo tan costoso.
Y nada, todo el mundo fuera de la residencia.
Algunos tuvieron que salir de la ducha con la toalla puesta, otros estaban en medio de un examen… Me dijeron que no le contase a nadie porque igual a alguien le daba por pegarme (comprensible) y que tendría una reunión con la jefa pic.twitter.com/3KfWGmziEl
— Natalia Álvarez (@Natalia_Who) August 27, 2024
Reflexiones humorísticas y lecciones aprendidas
A pesar de lo complicado de la situación, Natalia ha decidido tomárselo con humor. En su relato bromeó sobre su falta de habilidades en la cocina, reconociendo que nunca imaginó que su torpeza la llevaría a endeudarse tanto. «Cuando saltó la alarma, sentí mucho miedo, pero en ningún momento pensé que terminaría arruinada», comentó entre risas.
Para cerrar su historia, Natalia compartió una reflexión humorística: «No sé cuántos microondas podría haber comprado con ese dinero. Ahora me lo tomo a risa; después de un par de días lo asumí y decidí hacer un hilo en Twitter para que al menos la gente también se ría. Al final, todo el mundo se ha reído de la situación o de mí, lo cual también es válido. Eso sí, no vuelvo a tocar un microondas en mi vida, desde entonces solo he comido galletas. Ya no tengo ganas de cocinar», concluyó.
Finalmente, Natalia ha dejado claro que la experiencia la ha marcado profundamente. «Ese microondas no lo voy a volver a ver. Ni siquiera para calentar un vaso de leche. Me da miedo», aseguró, poniendo un toque final a una historia que, aunque angustiante, ha sabido transformar en algo cómico y reflexivo.