Obras de arte callejero que exploran la inocencia y lo maravilloso de la infancia

Si hay algo por lo que los niños destacan, es por su capacidad de imaginar y crear desde la nada misma. La fantasía, la intuición o la simple chispa desbordada suelen ser las características principales de los más pequeños.

La imaginación en los niños forma parte de su día a día, una cualidad que forma parte de su manera de comunicarse con el mundo que les rodea. Lo sabe bien el artista francés Julien Malland, también conocido como Seth Globepainter, que ha creado una serie de obras inspiradas en la infancia en los alrededores de París y en el resto del mundo.

A principios de este año realizó una gran exposición en el museo MoCA de Shanghai, en la que presentó elaboradas esculturas e instalaciones específicas para cada lugar. Además, pintó una de sus piezas más grandes hasta la fecha en las orillas del Sena en París, y participó en una creación asociada con el próximo museo de arte urbano en Mausa Vauban.

Los poéticos murales de Malland hacen vibrar a audiencias de todas las edades. “La dulzura y la inocencia de la infancia normalmente contrastan con los entornos caóticos en los que elijo ponerlos”, dice el artista.

Es típico en él mostrar a los niños en entornos con libros como referencia a su imaginación y creatividad. Después de viajar a más de cincuenta países durante las últimas dos décadas, Malland es muy consciente de la manera en que la modernización están influyendo en las tradiciones.

“Leemos cada vez menos con la proliferación de hábitos de pantalla”, explica. “Mientras leemos, creamos nuestras propias imágenes sugeridas por las palabras. La pantalla nos hace perezosos y arruina nuestra imaginación”, dice Malland.

Centradas en la idea de los recuerdos de la infancia, sus intervenciones al aire libre se crearon de manera muy ingeniosa en edificios derruidos, y en calles laterales desiertas. En sus obras se puede ver a niños participando en juegos emblemáticos de los años 70 y 80, evocando la atmósfera del antiguamente animado barrio.

“La forma de vida tradicional que se desvanece está siendo reemplazada por una sociedad de consumo más común”, explica.

“Este tipo de transformación es mundial, pero es más rápida y más repentina en China. Pintar esos barrios vacíos me da la oportunidad de resaltar esta metamorfosis y seguir mostrando los hábitos tradicionales chinos que todavía me intrigan.”

Unos meses más tarde participó en un proyecto del Ayuntamiento de París, pintando las orillas del Sena junto a 1010, Momies y Nebay. Los cuatro artistas crearon una larga serie de coloridas obras de arte que seguían el lecho del río durante poco más de una milla. Malland pintó una pieza visible exclusivamente desde el Pont de la Concorde.

La obra mostraba a un niño navegando en un bote de papel en el centro de un arco iris, mostrando la pureza y la ausencia de límites en la imaginación y el espíritu de los niños.

Finalmente, en junio de este año creó dos piezas en Mausa Vauban, un futuro museo de arte urbano en Neuf-Brisach, Francia. Y una vez más, exploró la idea de los niños jugando: en una de las piezas se puede ver cómo un niño pequeño rompe una pared y deja un montón de coloridos ladrillos esparcidos por la habitación y un pasadizo abierto.

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